En una selva muy verde vivía un elefantito llamado Timo. Tenía orejas enormes, trompa corta y un sueño gigantesco: quería ser grande de un día para otro.
—Cuando sea grande, seré fuerte, valiente y todos me escucharán —decía mirando las copas de los árboles.
Pero como era pequeño, muchos animales no lo tomaban en serio, y eso le hacía sentir que no era importante.
Una tarde, el cielo se oscureció y comenzó una lluvia muy fuerte. El río creció tanto que un grupo de animalitos quedó atrapado en una pequeña isla del centro. Los animales grandes intentaban cruzar, pero el suelo estaba tan resbaloso que era peligroso.
—Si lo intento, puedo caer al agua —gruñó preocupado el búfalo.
—Mis patas son demasiado pesadas para estas piedras —añadió la jirafa.
Timo miró a su alrededor y vio unas lianas finas colgando sobre el río. Por ser ligero y pequeño, podía acercarse sin hundirse en el barro.
—Yo puedo intentarlo —dijo Timo, con un pequeño temblor en la voz.
Con mucho cuidado, avanzó, tomó una liana con su trompa corta y la ató a un tronco firme. Luego aseguró otras, formando un puente de lianas por donde los animalitos pudieron cruzar uno a uno, en fila y sin caerse.
Cuando todos estuvieron a salvo, la selva entera estalló en aplausos de patas, alas y colas.
—Hoy no hizo falta ser grande —dijo el león—, hizo falta ser valiente e inteligente.
Timo sonrió, sintiendo el pecho lleno de luz. Ese día descubrió que no tenía que esperar a crecer para ser importante: su valor y sus ideas ya eran enormes. Y desde entonces, cada vez que se miraba al río, se veía pequeño por fuera, pero gigante por dentro.
No necesitas ser grande para hacer cosas importantes. A veces, lo que parece una desventaja puede convertirse en tu mayor fuerza, si te atreves a usarla con valentía.
Ser valiente no significa no tener miedo, sino intentarlo aunque te tiemblen las patas, como hizo Timo al cruzar el río. Tus ideas, tu corazón y tu esfuerzo pueden ayudar a los demás, aunque seas el más pequeño del grupo.
No esperes a “ser mayor” para creer en ti. Lo que haces hoy, con lo que ya eres y ya tienes, puede marcar una gran diferencia. Cada persona, grande o pequeña, tiene un lugar especial y único en el mundo.
Recuerda: el tamaño de tu cuerpo no define el tamaño de tu valor. Lo que realmente te hace grande son tus acciones y la forma en que usas tu inteligencia y tu bondad para cuidar a los demás.

