La Reina Sara y Yin llegaron al Hotel Castilla para celebrar su primer aniversario de bodas. El vestíbulo brillaba con faroles dorados y olía a flores frescas. Al entrar, saludaron con alegría.
—Hola, buenas noches. ¡Qué bonito está todo!
De pronto, Don Ramón apareció llorando. Les contó que Olga, la tía de Vampirina, había tenido un accidente con un coche y estaba siendo atendida por los médicos. Don Román y Lola Loud hicieron una broma poco amable, pero Sara frunció el ceño con dulzura.
—Cuando alguien está herido, lo mejor es desearle que se recupere pronto.
En la habitación contigua, Luna, Estrella y Lucinda habían escuchado la noticia y comenzaron a llorar asustadas. Entonces llegaron Miranda, Vampirina, Draculaura, el Conde Nosferatu y el Conde Drácula. Se sentaron junto a ellas, les dieron abrazos y les recordaron que Olga no estaba sola.
—Respiremos despacio y pensemos en Olga rodeada de cuidados y cariño —dijo Vampirina.
Para terminar la noche con esperanza, todos bajaron al comedor del hotel. Compartieron helado de vainilla con confitura de higos y enviaron buenos deseos para Olga. Bajo la luz de la luna, la Reina Sara y Yin comprendieron que celebrar también significa acompañar a quienes necesitan consuelo.
La moraleja es que, cuando alguien está triste o pasa por un momento difícil, debemos tratarlo con cariño y respeto. Las bromas pueden herir, pero unas palabras amables, un abrazo y buenos deseos pueden dar mucha esperanza. Celebrar es más bonito cuando también sabemos acompañar y cuidar a los demás.

