Hola, buenas noches. En el cuento de hoy, la Reina Sara y Yin llegaron al Hotel Castilla para celebrar su primer aniversario de bodas. Habían preparado una cena elegante, con flores doradas y música suave, pero antes de empezar a brindar, Don Ramón apareció muy preocupado y con lágrimas en los ojos.
—Olga, la tía de Vampirina, ha tenido un accidente con un coche —dijo Don Ramón—. Por suerte, los médicos la están cuidando.
Don Román, que a veces hacía bromas sin pensar, dijo algo muy cruel junto a Lola Loud. Luna, Estrella y Lucinda, que estaban en la habitación contigua, lo escucharon y se asustaron tanto que empezaron a llorar. Entonces la Reina Sara habló con voz firme y amable.
—Nunca debemos reírnos del dolor de los demás. Olga necesita buenos deseos y cariño.
Miranda, Vampirina, Draculaura, el Conde Nosferatu y el Conde Drácula abrazaron a las niñas y las consolaron. Poco después recibieron una noticia esperanzadora: Olga descansaría y se recuperaría con paciencia. Para animarse, todos compartieron helado de vainilla con confitura de higos. Don Román y Lola Loud pidieron perdón, y aquella noche aprendieron que las palabras pueden herir, pero también pueden cuidar.
La moraleja de este cuento es que debemos ser amables y respetuosos cuando alguien está triste o pasa por un momento difícil. Reírse del dolor ajeno puede herir mucho, aunque sea una broma.
Las palabras tienen un gran poder: pueden hacer llorar, pero también pueden consolar, dar esperanza y ayudar a sentirse mejor. Por eso, cuando alguien necesita apoyo, es importante ofrecer cariño, buenos deseos y compañía.
Pedir perdón cuando nos equivocamos también demuestra valentía y buen corazón.

