**La Pelota Mágica de Valèria**

Valèria era una niña muy alegre que vivía en el pueblo de Atzeneta. Le encantaba jugar con la pelota en el parque con sus amigos y amigas, corriendo y riendo juntos. Un día, mientras estaba en casa de su yayo y su yaya, descubrió un baúl muy viejo en la habitación. Curiosa, lo abrió y encontró una pelota pequeña. – Yayo, ¿qué es esto? – preguntó, mostrándole la pelota. Su abuelo sonrió y le dijo: – Es una pelota de badana. Cuando yo era pequeño, jugábamos al Cepillo con esa pelota en las calles del pueblo.

Valèria, emocionada, sintió que la pelota era especial. Tenía muchas ganas de salir a jugar y enseñarla a sus amigos. Al llegar al parque de la Sequia, se acercó a su grupo con la pelota en la mano. – ¡Hola! – dijo Valèria. – ¿Queréis ver mi pelota de badana? ¿Queréis jugar con ella? – ¡SIII! – respondieron todos entusiasmados. Sin embargo, no sabían muy bien cómo jugar.

A medida que intentaban descubrir el juego, la tarde pasó volando. La risa y la alegría llenaban el parque. Cuando llegó la hora de irse a casa, los amigos y amigas de Valèria le pidieron que llevara la pelota a la escuela al día siguiente. Al llegar el nuevo día, Valèria emocionada contó a su maestra lo que habían hecho. La maestra, sonriendo, tuvo una idea brillante: – ¿Queréis que vayamos un día a ver una partida de cepillo? – ¡SIII! – exclamaron todos los niños.

Finalmente llegó el día de la excursión. Los niños y niñas entraron al trinquete de Ontinyent, sorprendidos al ver el gran espacio y la escala a un lado. Allí, pudieron observar cómo los jugadores se movían con destreza, golpeando la pelota de badana. Valèria sonrió, sabiendo que su pelota mágica había reunido a todos en una nueva aventura, llenando sus corazones de alegría y amistad.

Moraleja:

La historia de Valèria nos enseña que la curiosidad y el deseo de compartir pueden llevarnos a vivir grandes aventuras. A veces, un simple objeto, como una pelota vieja, puede conectar a las personas y crear momentos inolvidables. Valèria, al descubrir la pelota de badana, no solo revive un juego del pasado, sino que también une a sus amigos en una nueva experiencia que fortalece su amistad y les enseña sobre la tradición.

La moraleja es: **»Comparte tu alegría y curiosidad, porque lo que parece simple puede convertirse en una gran aventura.»**

Cuando abrimos nuestro corazón y compartimos lo que tenemos, no solo creamos momentos divertidos, sino que también cultivamos la amistad y el compañerismo. Las risas y los buenos recuerdos son tesoros que llevamos en el corazón, y cada pequeño gesto puede hacer que el mundo a nuestro alrededor sea un lugar más feliz. Así que no dudes en explorar, preguntar y compartir, porque la verdadera magia de la vida está en la conexión con los demás.

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