**Geometrín y Cubo en el Parque de las Figuras Mágicas**

En el Parque de las Figuras Mágicas, los caminos parecían hechos con reglas de colores y las flores tenían forma de estrella, de triángulo y de corazón. Allí paseaba Geometrín, un payaso de sombrero brillante y zapatos redondos, junto a Cubo, un cocodrilo verde y simpático con una mochila llena de segmentos de madera. Aquella mañana, el parque había amanecido en silencio: muchas figuras del jardín se habían desordenado y ya no parecían nada.

—¡Cubo, hoy tenemos una misión muy divertida!
—¿Vamos a ordenar los segmentos para crear cosas nuevas?
—¡Exactamente! Si unimos dos aquí, tres allá y uno larguito al final, quizá aparezca una sorpresa.

Se sentaron junto al estanque y empezaron a juntar segmentos largos, cortos, rectos e inclinados. Primero formaron un triángulo que parecía una cometa. Después añadieron un cuadrado y nació una casita con ventana pequeña. Más allá colocaron un rectángulo sobre dos círculos dibujados en la arena, y Cubo dio un saltito de alegría al ver un precioso tren. Los árboles del parque, encantados, movían sus hojas como si aplaudieran.

—¡Mira, Geometrín, los segmentos también pueden contar historias!
—Claro que sí, Cubo. Una línea sola puede ser un comienzo, pero muchas juntas pueden construir un mundo.
Y así, entre risas y figuras, el Parque de las Figuras Mágicas volvió a llenarse de color, porque Geometrín y Cubo descubrieron que, con imaginación y amistad, hasta los segmentos más sencillos pueden crear maravillas.

Moraleja:

La moraleja de este cuento es que las cosas pequeñas, cuando se unen con cuidado, pueden crear algo maravilloso. Igual que los segmentos sueltos se transformaron en una cometa, una casita o un tren, las buenas ideas crecen cuando usamos la imaginación.

También nos enseña que trabajar en equipo hace todo más fácil y divertido. Geometrín y Cubo lograron ordenar el parque porque colaboraron, pensaron juntos y se animaron mutuamente.

Además, el cuento nos recuerda que no hace falta tener cosas complicadas para inventar grandes maravillas: a veces, con elementos sencillos, creatividad y ganas de ayudar, podemos cambiar lo que parece desordenado en algo hermoso.

Por eso, nunca debemos subestimar lo pequeño ni dejar de imaginar, porque la amistad, la cooperación y la creatividad pueden llenar de color cualquier lugar.

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