Camila era una princesita aventurera que llevaba una luz especial en el corazón. No necesitaba corona ni castillo para brillar: su sonrisa amable iluminaba los días nublados, y su alegría hacía que hasta los pajaritos cantaran más fuerte.
Un día, mientras exploraba el jardín con su capa imaginaria, encontró a una mariposa que no podía volar. Camila la cuidó con mucha ternura y le susurró:
—No tengas miedo, pequeña. Juntas encontraremos la manera de que vuelvas a volar.
La mariposa movió sus alas y, poco a poco, regresó al cielo. Entonces, una estrella bajó muy cerca para decirle:
—Camila, nunca cambies por nadie. Tu bondad y tu valentía son la luz más hermosa.
Desde aquel día, papá y mamá miraban a su princesita con infinito amor. Sabían que Camila era un regalo maravilloso de Dios: una niña simpática, hermosa y especial que siempre sería su pequeña princesa, brillando con luz propia.
La verdadera belleza no está en una corona, sino en un corazón amable. Camila demostró que ayudar a quien lo necesita, aunque sea pequeño como una mariposa, puede hacer que el mundo sea más feliz.
Cada niño tiene una luz especial: la bondad, la valentía, la alegría y el amor. No hace falta cambiar para agradar a los demás; ser uno mismo y hacer el bien es la forma más bonita de brillar.

