En el Hotel Valencia, la noche había encendido sus lamparitas doradas y todo parecía tranquilo. La Reina Sara paseaba por el pasillo con una sonrisa serena, y Mina acomodaba flores junto a una ventana. Al verse, sintieron una alegría calentita en el corazón, como si una canción suave hubiera empezado a sonar solo para ellas. Sin hacer ruido, comprendieron que había nacido un cariño muy especial.
Don Ramón, que siempre estaba atento a todo, abrió mucho los ojos y fue enseguida a avisar a sus amistades.
—¡Vampirina, Princesa Sofía, Olga! ¡Tengo una noticia preciosa!
Vampirina dio una vuelta de emoción, la Princesa Sofía aplaudió con delicadeza y Olga, la tía de Vampirina, sonrió con ternura. Pero en la habitación contigua, Luna y Estrella escucharon tantos pasos y susurros que se asustaron. Pensaron que ocurría algo misterioso y, abrazadas, empezaron a llorar.
Entonces llegaron Miranda, el primo de Don Ramón, Don Román, y también el Conde Nosferatu, que aquella noche llevaba su capa más elegante y su voz más amable.
—No pasa nada malo, pequeñas —dijo Miranda con dulzura.
—Solo es una noticia feliz —explicó Don Román.
—La alegría a veces hace un poco de ruido —añadió el Conde Nosferatu, ofreciéndoles un pañuelo bordado con estrellitas.
Luna y Estrella se calmaron poco a poco, y cuando entendieron que todo era por el bonito amor de la Reina Sara y Mina, sonrieron también. Al final, todos se reunieron en el salón del hotel para celebrar con gofres rellenos de chocolate. Entre risas, miguitas dulces y buenas noches cariñosas, el Hotel Valencia quedó dormido bajo la luna, guardando en sus paredes una historia tierna para recordar.
La moraleja de este cuento es que las buenas noticias se disfrutan más cuando también se explican con cariño. A veces, cuando vemos muchas prisas, ruidos o caras sorprendidas, podemos imaginar cosas que no son verdad y sentir miedo, como les pasó a Luna y Estrella.
Por eso es importante no asustarse enseguida y preguntar con calma qué está ocurriendo. Y también es bueno pensar en los demás cuando estamos felices, para que nadie se sienta confundido o solo.
El amor, la amistad y la alegría son sentimientos muy bonitos, pero se vuelven aún mejores cuando se comparten con ternura, paciencia y palabras amables.
—Cuando algo bueno sucede, explicarlo con cariño ayuda a que todos puedan sonreír juntos.

