En un pequeño pueblo, donde las flores siempre sonreían al sol, vivía un chico llamado Lucas. Era un adolescente de piel clara y una altura notable, que a menudo se sentía perdido en sus pensamientos. Para escapar de la tristeza que a veces le invadía, Lucas buscaba consuelo en cosas que no eran buenas para él, sin saber que el verdadero refugio lo tenía en su corazón. Estaba enamorado de Sofía, una chica rubia, hermosa y amable, que iluminaba el salón de clases con su risa.
Sofía era el tipo de persona que hacía que todos se sintieran bien. Hablaba con todos, pero a Lucas le parecía que siempre había una barrera entre ellos. Aunque compartían risas y algunos momentos, él sabía que ella lo veía como un amigo lejano. Se preguntaba si alguna vez podría confesarle sus sentimientos, pero el miedo lo mantenía en silencio. Además, sabía que su corazón latía por otra persona, y eso le hacía sentirse aún más pequeño.
Los días pasaron, y el ciclo escolar se acercaba a su fin. Lucas observaba a Sofía desde lejos, sintiendo que el tiempo se le escapaba. A veces ella le hablaba con dulzura, y otras, parecía distante. Esa incertidumbre lo llenaba de tristeza, y cada vez que se acercaba a ella, las palabras se quedaban atrapadas en su garganta. Sin embargo, una mañana, Sofía llegó con una noticia inesperada: su familia se mudaba y cambiaría de prepa.
Lucas sintió que su corazón se rompía en mil pedazos. No había tenido el valor de contarle lo que sentía, y ahora era demasiado tarde. Cuando llegó el día de despedirse, la miró a los ojos y, aunque las palabras no salieron, una lágrima rodó por su mejilla. Sofía, al notar su tristeza, le sonrió con ternura y prometió que siempre lo recordaría. Mientras ella se alejaba, Lucas comprendió que, aunque el amor a veces es silenciado, los recuerdos del cariño sincero siempre florecerán en su corazón.
La historia de Lucas y Sofía nos enseña una valiosa lección: a veces, el miedo nos impide expresar lo que sentimos. Es importante recordar que nuestros sentimientos son válidos y merecen ser compartidos. Aunque Lucas nunca tuvo el valor de confesar su amor, su tristeza al despedirse de Sofía le mostró que el tiempo es precioso y que no debemos dejar que la incertidumbre nos paralice.
La vida está llena de oportunidades para ser valientes, y cada momento cuenta. La próxima vez que sientas algo especial por alguien, recuerda que hablar desde el corazón puede abrir puertas que ni siquiera imaginabas.
No importa el resultado, lo importante es ser sincero con nosotros mismos y con los demás. Así, aunque algunas historias no terminen como deseamos, siempre llevaremos con nosotros los recuerdos de esos momentos hermosos y sinceros.
Así que, niños, no dejen que el miedo los detenga. Expresar nuestro amor, amistad o gratitud es un regalo que podemos dar, y nunca es demasiado tarde para hacerlo. ¡Dejen que sus corazones hablen!

