**El Silbido de la Noche: La Amistad de Sergio y Vaguira**

Había una vez en los yungas de La Paz, un hombre llamado Sergio, que cultivaba un hermoso cafetal rodeado de naturaleza. Cada noche, mientras se preparaba para dormir, un extraño silbido resonaba en el aire, impidiéndole descansar. Cansado de los ruidos, una noche decidió asomarse a la ventana y se encontró cara a cara con una pantera. Asustado, se escondió bajo su cama, pensando en lo que podría hacer.

Al día siguiente, Sergio salió a trabajar, pero el miedo a la pantera lo acompañaba. Al regresar, notó que su granja de gallinas había sido desordenada, lo que le llenó de enojo y temor. Decidió que debía enfrentarse a la pantera. Esa noche, armado con un machete y un rifle, salió al bosque, decidido a acabar con el problema. Tras buscar un buen rato, finalmente encontró a la pantera.

Con el corazón latiendo fuerte, Sergio le apuntó y disparó. Sin embargo, al acercarse, vio que la pantera estaba herida pero aún viva. Al mirar en sus ojos, se dio cuenta de que era madre y que tenía una cría oculta entre los arbustos. La culpabilidad lo embargó, y en lugar de terminar con su vida, decidió llevarla a casa para cuidarla.

Con el paso del tiempo, la pantera, a la que Sergio llamó Vaguira, se convirtió en su mejor amiga. Juntos exploraban el cafetal, compartían risas y aventuras, y Sergio aprendió a respetar la naturaleza y a sus habitantes. El silbido de la noche ya no le daba miedo, porque ahora sabía que en la oscuridad también había amistad y amor.

Moraleja:

La historia de Sergio y la pantera Vaguira nos enseña que no debemos dejar que el miedo nos controle. A veces, lo que tememos puede ocultar amistades inesperadas y oportunidades de aprendizaje. Cuando enfrentamos nuestros miedos con valentía y empatía, podemos descubrir la belleza que hay en la naturaleza y en los demás. Sergio, al principio asustado por la pantera, aprendió que detrás de su apariencia temible había una madre que solo quería proteger a su cría. En lugar de hacer daño, eligió cuidar y comprender, lo que transformó su vida y le brindó una amiga leal.

La moraleja es clara: no juzgues por las apariencias ni dejes que el miedo te impida conocer lo que realmente hay detrás de una situación. A veces, el amor y la amistad se encuentran en los lugares más inesperados. Así, cuando sientas miedo, recuerda que la valentía y la compasión pueden abrirte las puertas a un mundo lleno de maravillas. ¡Aprendamos a cuidar y respetar a todos los seres que nos rodean!

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