En un lejano lugar, donde las estrellas brillaban como diamantes, se encontraba el Reino de los Sueños. Este mágico reino era gobernado por el rey Pablo, un hombre de gran corazón, y la reina Cindy, una mujer llena de alegría. Juntos, hacían que cada noche, los sueños de los niños se convirtieran en aventuras maravillosas.
Una noche, mientras los habitantes del reino danzaban bajo la luz de la luna, una nube oscura apareció en el horizonte. El rey Pablo, preocupado, se acercó a su reina. «Cindy, esa nube parece llevar los sueños de los niños. Debemos hacer algo antes de que se los lleve». La reina Cindy asintió, y juntos decidieron emprender una valiente aventura hacia la nube misteriosa.
Montados en su mágico corcel, que podía volar entre las estrellas, se dirigieron hacia la nube. Al acercarse, descubrieron que no era una nube común, sino un gran dragón de colores que lloraba lágrimas de tristeza. «¿Por qué lloras, amigo dragón?» preguntó la reina Cindy. El dragón, con voz temblorosa, les explicó que había perdido su magia y, sin ella, no podía soñar.
El rey Pablo y la reina Cindy, con su bondad, le ofrecieron un poco de su propia magia. Al instante, el dragón sonrió, y su brillo regresó. Agradecido, prometió cuidar los sueños de todos los niños. Con el dragón a su lado, el rey y la reina regresaron al reino, donde celebraron con una gran fiesta. Desde entonces, el dragón se convirtió en el guardián de los sueños, asegurando que cada niño tuviera la aventura más maravillosa cada noche. Y así, el Reino de los Sueños siguió brillando, lleno de risas y magia.
La historia del Reino de los Sueños nos enseña una valiosa lección: la magia de los sueños no solo reside en los deseos de los niños, sino también en la bondad y la generosidad de quienes los rodean. Cuando el rey Pablo y la reina Cindy encontraron al dragón triste, en lugar de temerle o ignorarlo, decidieron ofrecerle su ayuda. A través de su compasión, no solo devolvieron la magia al dragón, sino que también aseguraron que los sueños de los niños siguieran vivos y llenos de aventuras.
Esto nos recuerda que todos, grandes y pequeños, podemos enfrentar momentos de tristeza o desánimo. A veces, una pequeña acción de bondad puede iluminar la vida de otro y devolverles la esperanza. La verdadera magia se encuentra en compartir lo que tenemos y en ayudar a quienes lo necesitan. Así, juntos, podemos mantener viva la chispa de nuestros sueños y hacer del mundo un lugar más brillante y lleno de alegría. Recuerda siempre que, con un corazón generoso, puedes hacer que los sueños de los demás se hagan realidad.