En un pequeño pueblo, todos los años se celebraba «El Gran Juego de Todos», una competencia donde niños de distintas edades participaban en emocionantes actividades. Este año, Lucas, un niño que usaba una silla de ruedas, estaba decidido a unirse y demostrar que podía ser parte de la diversión. Todos los días, Lucas practicaba con su amigo Javier, quien siempre le decía: «¡Tú puedes, Lucas! Juntos haremos un gran equipo».
El día del juego, el parque estaba lleno de risas y colores. Había carreras, juegos de equipo y muchas sorpresas. Lucas observó cómo otros niños corrían y se lanzaban pelotas, pero él no se desanimó. Cuando llegó el momento de la carrera de relevos, su corazón latía con fuerza. Javier se acercó y le dijo: «Hoy todos jugamos juntos. Tú serás el que nos dará la victoria». Lucas sonrió, sintiendo que su silla de ruedas no era un obstáculo, sino una parte especial de su modo de jugar.
Cuando empezó la carrera, Javier corrió con todas sus fuerzas y le pasó la cinta a Lucas. Con destreza, Lucas movía su silla, impulsándose con las manos. Todos los demás niños, en lugar de reírse o apartarse, comenzaron a animar a Lucas con vítores y aplausos. “¡Vamos, Lucas! ¡Eres increíble!” gritaban, y él se sentía como un verdadero campeón. Juntos, con gran esfuerzo, lograron completar la carrera.
Al final del día, mientras todos celebraban, el jurado decidió que Lucas y su equipo merecían un premio especial por su valentía y espíritu de inclusión. Con una medalla brillante colgada al cuello, Lucas comprendió que, en «El Gran Juego de Todos», no solo se trata de ganar, sino de compartir, ayudar y disfrutar juntos. Desde ese día, el pueblo aprendió que cada niño, sin importar sus diferencias, tiene un lugar especial en el juego de la vida.
La historia de Lucas nos enseña que en la vida, cada uno de nosotros tiene un papel importante que desempeñar, sin importar nuestras diferencias. El Gran Juego de Todos demostró que el verdadero triunfo no se mide solo por ganar, sino por la colaboración, la amistad y el apoyo mutuo. Lucas, a pesar de usar una silla de ruedas, se convirtió en un héroe al mostrar que la valentía y la determinación pueden brillar en cualquier circunstancia.
La inclusión es fundamental; cuando todos participan y se animan unos a otros, se crea un ambiente donde cada niño se siente valorado y querido. Juntos, logramos más que si jugamos solos. Así que, recuerda siempre: en el juego de la vida, lo más importante es ser parte del equipo, celebrar nuestras diferencias y aprender unos de otros. Cada uno de nosotros tiene algo especial que aportar, y al unir nuestras fuerzas, podemos alcanzar grandes metas. La verdadera victoria está en el corazón y en los lazos que formamos con aquellos que nos rodean. ¡Nunca dejes de jugar, ayudar y soñar!