Hola, buenas noches. En el castillo de los jardines brillantes, Yin dijo a la Princesa Sara que quería casarse con ella. Pero Fee señaló con suavidad el anillo de boda que llevaba la Reina Sara, reluciente como una estrella pequeña.
—Eso es imposible, Yin: la Reina Sara ya tiene su anillo de boda.
Yin se enfadó y corrió a avisar a Don Román, primo de Don Ramón y cuñado de la Reina Sara. Don Ramón también se molestó, porque recordaba que Yin había dejado sola a la Reina Sara durante la Noche de Bodas para irse a pasear con otra gente. Entonces avisaron a Grada, madre de Fee; después Grada llamó a Raquel, madre de la Princesa Sofía, y Raquel avisó a Bada, marido de Grada. Todos eran una familia muy grande y un poco confundida.
Al final, la Reina Sara levantó su mano para que todos vieran el anillo.
—No discutamos esta noche. Lo importante es cuidar a quienes queremos y pedir perdón cuando cometemos un error.
Yin respiró hondo, pidió disculpas y todos aceptaron hacer las paces. Para celebrar, prepararon helado de chocolate y melocotón, con confitura de fresa y limón. Bajo la luna, la Noche de los Helados terminó con risas, cucharitas tintineando y corazones tranquilos.
La moraleja es que debemos respetar a las personas que queremos y aceptar cuando algo no puede ser como deseamos. En lugar de enfadarnos o discutir, es mejor hablar con calma, escuchar a los demás y reconocer nuestros errores.
Pedir perdón no nos hace pequeños: nos ayuda a recuperar la amistad y a tener el corazón tranquilo. Cuando una familia se cuida, se perdona y busca soluciones juntos, hasta los problemas más confusos pueden terminar en paz… ¡y quizá también con un delicioso helado compartido!

