**Érase una vez, en un lugar lejano**

Érase una vez, en un lugar lejano, un pequeño pueblo rodeado de montañas azules. Allí vivía Lía, una niña que soñaba con encontrar historias perdidas. Una tarde, junto al río, descubrió un libro diminuto bajo una piedra brillante.

—¿Quién te dejó aquí? —preguntó Lía, sacudiendo con cuidado sus páginas.

El libro se abrió solo y mostró una frase: “Todo cuento necesita alguien que lo imagine”. Entonces, las nubes formaron castillos, los peces saltaron como estrellas y un pajarito amarillo se posó en su hombro.

—Yo conozco un cuento que todavía no ha sido contado —cantó el pajarito.

Lía sonrió y comenzó a inventar. Habló de un dragón amable, de una luna que hacía cosquillas y de un bosque donde los árboles regalaban abrazos. Desde aquel día, cada noche el pueblo escuchaba una nueva historia, porque Lía había descubierto que los cuentos más bonitos nacen de la imaginación.

Moraleja:

La imaginación es un tesoro que todos llevamos dentro. No hace falta buscar muy lejos para encontrar aventuras: basta con observar, soñar y atreverse a crear.

Como Lía, podemos convertir una nube en un castillo, un paseo en una misión fantástica o una idea pequeña en un cuento maravilloso. Cuando compartimos nuestras historias, también regalamos alegría, esperanza y sonrisas a los demás.

Nunca dejes de imaginar, porque cada persona puede inventar un mundo único.

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