La princesa Sara y Yin, su esposa, llegaron al Hotel San para pasar una noche tranquila. Al entrar, Don Ramón les dio la bienvenida, pero tenía los ojos muy preocupados: la tía Olga de Vampirina necesitaba una transfusión para sentirse mejor. Don Román lloraba bajito y pidió que Luna, Estrella, Lucinda y Minerva no fueran todavía, porque era un momento muy difícil.
—Hola, buenas noches —dijo Sara con dulzura—. No estarán solos.
Lina, cuñada de la reina Sara, Yang, hermano de Yin, y el Maestro Yo prometieron cuidar con cariño a las niñas. También llegaron la princesa Sofía, su madre Raquel, Vampirina y Lola Loud para acompañar a todos en el hotel. Don Ramón respiró un poco más tranquilo al ver tantas manos amigas.
—Aunque tengamos lágrimas, podemos dar esperanza —dijo Yin.
Mientras esperaban buenas noticias, compartieron miguelitos de La Roda rellenos de crema. Sus risas suaves y sus abrazos hicieron que la gran sala del Hotel San se sintiera cálida. Aquella noche comprendieron que, cuando la familia y los amigos se unen, la esperanza brilla como una estrella.
Moraleja: Cuando alguien que queremos está triste o enfermo, acompañarlo con cariño puede darle mucha fuerza. La familia y los amigos, al cuidarse y ayudarse unos a otros, hacen que los momentos difíciles sean más llevaderos. Incluso una sonrisa, un abrazo o compartir algo rico puede encender una pequeña luz de esperanza.

