La tarde en la Escuela Dominical estaba llena de colores, cartulinas y sonrisas. La maestra Laura encendió la televisión y todos miraron atentos al pastor del video, que hablaba con voz alegre sobre el orden y la paz. Cuando terminó un momento importante, Laura pausó la imagen y tomó un marcador azul.
—Chicos, la autoridad no es para asustar ni para mandar de manera fea. Dios permite autoridades para cuidarnos, guiarnos y ayudarnos a vivir en paz.
Entonces dibujó una casita en la pizarra.
—En la familia, los padres nos enseñan, nos protegen y nos corrigen con amor. Obedecer en casa nos ayuda a crecer con sabiduría.
Después dibujó una Biblia abierta y una pequeña iglesia junto a ella.
—En la iglesia, los pastores y líderes nos enseñan la Palabra de Dios y nos animan a caminar por el bien. Son como faroles que alumbran el camino cuando no sabemos por dónde seguir.
Por último, Laura pintó un escudo y una bandera. Los niños miraron con curiosidad.
—Y en la sociedad están los policías, los alcaldes y el presidente. Cada uno tiene una tarea para cuidar a las personas y mantener el orden. Si todos respetamos las buenas reglas, vivimos con más tranquilidad.
Al final, Laura sonrió y trazó un gran mapa con flechas uniendo la casa, la iglesia y la ciudad.
—Miren, este es como un mapa de las autoridades. Cada una ocupa un lugar especial para ayudarnos. Cuando respetamos, escuchamos y hacemos lo correcto, nuestro camino se vuelve más claro.
Los niños aplaudieron contentos. Y antes de irse, uno de ellos levantó la mano con una gran sonrisa.
—Entonces, maestra, respetar a quienes nos cuidan también es una forma de dar gracias a Dios.
Laura asintió con ternura.
—Así es. El orden con amor hace florecer la paz en el corazón.
La moraleja es que Dios permite autoridades buenas en la casa, en la iglesia y en la sociedad para cuidarnos, enseñarnos y ayudarnos a vivir en paz.
Cuando obedecemos con respeto a nuestros padres, escuchamos a nuestros maestros y líderes, y cumplimos las reglas que protegen a todos, demostramos un corazón agradecido y sabio.
—Respetar a quienes nos cuidan no es tener miedo.
Es aprender a caminar por el bien, con amor y confianza.
—El orden con amor trae paz.
Por eso, los niños también pueden honrar a Dios siendo obedientes, amables y haciendo lo correcto cada día. Así, su vida crece fuerte, alegre y segura, como una luz que alumbra a los demás.

