Hola, buenas noches. En el Hotel Sevilla se celebraba la Noche de las Caracolas de Cereza, una fiesta llena de farolillos y dulces. Pero Lola Loud habló con Vampirina con mucha seriedad y le pidió separarse. Vampirina se sintió triste y enfadada, así que llamó a Don Ramón, a su amiga la Princesa Sara y a Yin. Yin avisó enseguida a Olga, la tía de Vampirina, a Fee, a Yang y al Maestro Yo; este, a su vez, llamó a Don Román, primo de Don Ramón.
El Conde Drácula, que había visto la discusión, quiso hacer una broma muy poco amable.
—Ojalá desaparezcan de la fiesta Vampirina y la tía Olga —dijo, sin pensar en lo mucho que podían doler sus palabras.
Luna y Estrella, que estaban en la habitación contigua, se asustaron al oírlo. La Princesa Ámber entró con una manta brillante y las abrazó.
—No tengáis miedo. Las palabras feas se pueden corregir con disculpas y cariño —les aseguró.
Entonces el Conde Drácula comprendió su error y pidió perdón. Vampirina respiró hondo, Lola habló con calma y todos decidieron cuidar sus sentimientos. Para terminar la noche, compartieron caracolas rellenas de crema y confitura de cerezas. Bajo la luz de la luna, el Hotel Sevilla volvió a llenarse de risas, amistad y un dulce aroma a ?.
Las palabras pueden alegrar o entristecer a quienes nos rodean. Por eso, antes de hablar, es importante pensar si lo que vamos a decir es amable, necesario y respetuoso.
Cuando sentimos tristeza, enfado o miedo, podemos explicarlo con calma en lugar de herir a los demás. Y si cometemos un error, pedir perdón de corazón ayuda a reparar los sentimientos y a recuperar la amistad.
Cuidar a nuestros amigos y familiares, escucharles y tratarles con cariño hace que cualquier lugar se llene de risas, confianza y un dulce aroma a cerezas.

