**Travieso, bueno y soñador**
Mateo era un niño obediente, amoroso, trabajador, feliz y un poquito travieso. Cada mañana ayudaba a regar las macetas, a guardar sus juguetes y a llevar el pan a la mesa con mucho cuidado. Pero también le gustaba hacer pequeñas bromas, como esconderse detrás de la cortina para dar abrazos sorpresa. Su sonrisa traviesa iluminaba la casa como un rayito de sol.
Un día, su mamá le pidió que cuidara el huerto mientras ella barría el patio. Mateo se puso muy serio, aunque por dentro tenía ganas de jugar con una mariposa amarilla que bailaba entre las lechugas.
—Voy a hacerlo muy bien —dijo, levantando su regadera como si fuera un tesoro.
Mientras quitaba hierbitas y acomodaba la tierra, encontró un caracol pequeñito avanzando despacio hacia una hoja.
—Hola, amigo, aquí estarás más fresquito —susurró, cambiándolo con cuidado a la sombra.
Cuando terminó, tenía las manos llenas de tierra y el corazón lleno de alegría. Su mamá miró el huerto limpio y sonrió orgullosa.
—Eres un niño muy trabajador y bueno.
Mateo guiñó un ojo y escondió detrás de la espalda una flor que había recogido para ella.
—Y también muy amoroso —dijo, entregándosela.
Esa tarde, corrió por el jardín persiguiendo el viento, riendo sin parar. Porque ser obediente no le quitaba lo travieso, y ser travieso no le quitaba lo bueno. Mateo había descubierto un secreto sencillo: un corazón feliz crece más cuando ayuda, sueña y reparte amor.
Ser bueno no significa dejar de ser alegre, curioso o travieso, sino aprender a usar esa alegría para hacer el bien. Mateo nos enseña que un niño puede divertirse, soñar y jugar, y al mismo tiempo ser responsable, obediente y amoroso.
Cuando ayudamos en casa, cuidamos la naturaleza y tratamos con cariño a los demás, nuestro corazón se hace más grande y bonito. Las pequeñas acciones, como regar una planta, ordenar los juguetes o regalar una flor, pueden llenar de felicidad a quienes nos rodean.
—Un corazón feliz crece cuando ayuda con amor.
Por eso, la verdadera travesura no está en portarse mal, sino en sorprender al mundo con bondad, ternura y alegría. Si haces las cosas con cariño, puedes ser soñador, divertido y también muy bueno.

