Al amanecer, el castillo de la familia Drácula olía a chocolate, fresas y pan recién hecho. Yin, muy peinado y con una flor azul en la solapa, buscó a la Princesa Sara en el jardín de las luciérnagas doradas. Cuando la encontró junto a la fuente de mármol, respiró hondo y sonrió con ternura.
—Buenos días, Princesa Sara —dijo Yin—. Cuando sea mayor, quiero casarme contigo y cuidar siempre de tu sonrisa.
Sara se puso color de rosa y le regaló una reverencia pequeñita.
—Buenos días, Yin. Qué promesa tan bonita. La guardaré en mi corazón como un lacito de luz.
Don Ramón, que había escuchado la noticia desde el balcón, bajó la escalera casi volando de la emoción y fue a avisar a todos. Enseguida llamó a Vampirina, a Lola Loud, a la Princesa Sofía, a Olga, la tía de Vampirina, y a Fee. Justo entonces llegó Don Román, primo de Don Ramón, agitando su sombrero con alegría.
—¡Atención, atención! —anunció Don Ramón—. ¡Hoy tenemos doble felicidad en el castillo!
—El Conde Drácula y su novia María esperan dos niños —contó Don Román—. Se llamarán Ramón, en honor a su abuelo Don Ramón, y Nosferatu, en honor a su tío Nosferatu.
Todos aplaudieron tan fuerte que hasta las cortinas dieron un pequeño salto. Vampirina giró contenta, Lola Loud palmoteó con entusiasmo, la Princesa Sofía sonrió con elegancia, y Fee hizo brillar el aire con un toque de magia suave. Entonces comenzó la dulce celebración: sobre una mesa larguísima aparecieron una tarta de bautizo de chocolate y fresas, y croasanes rellenos de arándanos y queso.
—¡Que viva la familia y que vivan las promesas bonitas! —exclamó Olga.
Y mientras el sol doraba las torres del castillo, Yin y la Princesa Sara compartieron un pedacito de tarta, felices de ver que aquel buenos días se había convertido en una mañana inolvidable para toda la familia Drácula.
Las promesas bonitas nacen de un corazón sincero, pero lo más importante es acompañarlas siempre con cariño, respeto y paciencia.
Yin habló con ternura, Sara escuchó con dulzura, y toda la familia celebró no solo una noticia feliz, sino también el amor en todas sus formas: el amor que cuida, el que comparte, el que espera y el que se alegra por los demás.
—Una familia se hace más fuerte cuando sus miembros comparten la felicidad y se tratan con amor.
También esta historia nos enseña que las palabras amables pueden iluminar el día de alguien, igual que una luciérnaga en el jardín. Un saludo sincero, una promesa buena o una alegría compartida pueden convertir una mañana cualquiera en un recuerdo inolvidable.
—Cuando hables, hazlo con bondad; cuando prometas, hazlo con verdad; y cuando celebres, hazlo con el corazón.
Así, como en el castillo de la familia Drácula, la unión, la ternura y la alegría hacen que todo sea más dulce.

