**El extraño viaje de Firulais**
Firulais era un perro curioso y juguetón que un día salió de casa siguiendo una mariposa azul. Caminó tanto que se perdió, y al caer la tarde una camioneta se detuvo junto a él. De ella bajaron tres hombres con capas oscuras y voz amable.
—No temas —dijo uno—. Somos Los Rescatadores de Humanos Perros Cariñosos.
Dentro de la camioneta había muchas abuelitas sonrientes, con mantas suaves y galletitas en una cesta. Todas acariciaron a Firulais con tanto cariño que ocurrió algo increíble: un brillo dorado lo envolvió y, de pronto, ¡se convirtió en un niño! Firulais, muy sorprendido, se miró las manos y abrió mucho los ojos.
—Quédate tranquilo, pequeño —dijo una abuelita de moño violeta—. Todo saldrá bien.
Cuando el viaje terminó, aquella abuelita se acercó y le susurró:
—Ven a mi casa después, tengo algo especial para ti.
Firulais, que seguía asombrado por su transformación, la acompañó. La casa estaba escondida tras un jardín silencioso. La abuelita le ofreció un vaso con un líquido brillante, pero apenas lo probó, le dio mucho sueño y cayó dormido en el suelo.
Tiempo después, Firulais despertó en un hospital, arropado y a salvo. A su alrededor estaban las demás abuelitas, con caras serias pero bondadosas.
—Debemos contarte la verdad —dijo una de ellas—. Esa abuelita no era buena. Quería usar su magia para engañar a otros viajeros.
—Pero ya no podrá hacerlo —añadió otra—. Ahora estás seguro, y te ayudaremos a volver a casa.
Firulais sonrió, agradecido. Desde entonces, aprendió que la amabilidad verdadera se nota en el corazón, y que incluso en los viajes más extraños siempre aparecen buenos amigos para ayudar.
La moraleja de El extraño viaje de Firulais es que no toda persona amable tiene buenas intenciones, por eso los niños deben ser cuidadosos, escuchar su intuición y pedir ayuda a adultos de confianza cuando algo les parezca extraño.
También enseña que la curiosidad puede llevarnos a vivir aventuras, pero nunca debemos alejarnos solos ni seguir a desconocidos sin avisar. Firulais aprendió que la verdadera bondad no solo se muestra con sonrisas o regalos, sino con acciones sinceras que cuidan, protegen y respetan.
Y, sobre todo, este cuento recuerda que, incluso después de un momento difícil o de un engaño, siempre puede aparecer gente buena dispuesta a ayudarnos. Por eso, es importante confiar en quienes nos cuidan de verdad, ser prudentes y no perder la esperanza.

