Había una vez un pequeño niño llamado Mateo Sebastián, que con sus apenas dos años, ya tenía una imaginación desbordante. Un día, mientras jugaba en su jardín, descubrió un pequeño libro antiguo escondido entre las flores. Al abrirlo, una nube de polvo dorado se elevó y, de repente, el jardín se transformó en un mundo mágico lleno de colores brillantes y criaturas fantásticas.
Mateo Sebastián se encontró rodeado de mariposas que hablaban y conejitos que llevaban sombreros. «¡Hola, Mateo!» dijeron en coro, «¡ven a jugar con nosotros!» Sin pensarlo dos veces, el niño corrió tras ellos, riendo y saltando. Juntos, corrieron hacia un lago de caramelos, donde las ranas cantaban canciones alegres. Mateo, con sus ojos brillantes, decidió unirse a la fiesta y comenzó a bailar con una rana que llevaba una pajarita.
Después de un rato de diversión, un pequeño dragón de papel apareció volando. «Soy Pipo, el guardián de este mundo mágico», explicó. «Necesito tu ayuda para encontrar la estrella perdida del cielo». Mateo Sebastián, con su gran corazón, aceptó la misión. Juntos, recorrieron montañas de nubes y bosques de árboles de chicle, hasta que finalmente encontraron la estrella atrapada en una telaraña de cristal. Con un toque suave, Mateo la liberó, y la estrella brilló más que nunca.
Con un fuerte destello, el mundo mágico comenzó a desvanecerse, pero Pipo le sonrió. «Recuerda, Mateo, siempre podrás regresar a este lugar con tu imaginación». Al volver a su jardín, el pequeño niño guardó el libro bajo su almohada, sabiendo que las aventuras estaban apenas comenzando. Y cada noche, antes de dormir, soñaba con su amigo Pipo y las maravillas que lo esperaban en el mundo mágico. Fin.
La historia de Mateo Sebastián nos enseña que la imaginación es una puerta mágica que nos permite explorar mundos maravillosos y vivir aventuras increíbles. A veces, solo necesitamos un pequeño impulso, como un libro antiguo o un instante de curiosidad, para abrir esa puerta.
Además, nos recuerda la importancia de ser valientes y ayudar a los demás. Cuando Mateo decidió ayudar a Pipo a encontrar la estrella perdida, no solo se embarcó en una gran aventura, sino que también hizo una buena acción. A veces, cuando ayudamos a otros, descubrimos nuestras propias fortalezas y creamos recuerdos inolvidables.
Así que, niños, nunca dejen de soñar y de usar su imaginación. Cada noche, antes de dormir, cierren los ojos y dejen que sus mentes los lleven a lugares mágicos. Y si alguna vez encuentran un libro antiguo o un objeto misterioso, recuerden que las aventuras están esperándolos, siempre listas para comenzar. Con valor y creatividad, todo es posible. ¡Atrévete a soñar!

