**Las Buenas Maneras de Mico el Mono**
En lo profundo de la selva, donde los árboles se alzaban como gigantes y los ríos cantaban suaves melodías, vivía un pequeño mono llamado Mico. Mico era un mono juguetón y curioso, pero a veces olvidaba lo importantes que eran las buenas maneras.
Un día, mientras jugaba en la liana más alta, Mico vio a su amigo el loro, Lolo, sentado en una rama. Lolo parecía triste.
—¿Qué te pasa, Lolo? —preguntó Mico, balanceándose de un lado a otro.
—Me siento mal porque todos los animales me gritan cuando intento hablar —respondió Lolo con un suspiro—. Se olvidan de que también tengo cosas importantes que decir.
Mico se rascó la cabeza. No había pensado en cómo se sentían sus amigos cuando no les prestaba atención. Decidió que debía aprender sobre las buenas maneras. Así que, con la ayuda de su abuela, una sabia mona, comenzó su aventura.
La abuela de Mico le enseñó que las buenas maneras eran como un mapa que guiaba a los animales a ser amables y respetuosos. «Decir ‘por favor’ y ‘gracias’ es esencial», le dijo. «Nunca debes interrumpir a los demás y siempre debes escuchar». Mico asintió, emocionado por aprender.
Al día siguiente, Mico decidió poner en práctica lo que había aprendido. Se acercó a Lolo y le dijo:
—Hola, Lolo. ¿Podrías contarme sobre tu día, por favor?
Lolo, sorprendido, sonrió y comenzó a relatarle sus aventuras. Mico escuchó atentamente, recordando no interrumpir. Cuando Lolo terminó, Mico dijo:
—¡Gracias por compartir tu historia! Fue muy interesante.
Lolo se sintió feliz y Mico, orgulloso de haber usado buenas maneras.
Más tarde, Mico encontró a su amiga la tortuga, Tula. Ella estaba luchando para alcanzar una hoja deliciosa en un arbusto.
—¿Puedo ayudarte, Tula? —preguntó Mico.
—¡Oh, gracias, Mico! —exclamó Tula—. Sería genial si me pudieras alcanzar esa hoja.
Mico estiró su brazo y logró alcanzar la hoja. Luego, se la entregó con una sonrisa.
—Aquí tienes, Tula. ¡Disfruta!
Tula sonrió y dijo:
—Gracias, Mico. Eres muy amable.
Mico se sintió aún más feliz. Entonces decidió que quería aprender más sobre las buenas maneras de ayudar a otros.
Al día siguiente, organizó una fiesta en el claro de la selva. Invitó a todos sus amigos y les pidió que trajeran algo especial. Mico decoró el lugar con flores y frutas. Cuando todos llegaron, Mico, emocionado, dijo:
—¡Bienvenidos! Estoy muy feliz de verlos. Por favor, siéntanse cómodos y disfruten.
Los animales disfrutaron de la fiesta, pero Mico se dio cuenta de que algunos todavía no usaban buenas maneras. Así que, mientras compartían la comida, Mico les recordó a todos:
—Recuerden, amigos, es importante decir ‘gracias’ cuando alguien comparte algo con ustedes.
Poco a poco, los animales comenzaron a seguir el ejemplo de Mico. Se dieron cuenta de que las buenas maneras hacían que todos se sintieran mejor y más felices.
Desde ese día, Mico se convirtió en un ejemplo de buenas maneras en la selva. Aprendió que ser amable y respetuoso no solo hacía felices a los demás, sino que también lo hacía sentir bien a él.
Y así, Mico el Mono enseñó a todos que las buenas maneras son la clave para vivir en armonía en la selva. Fin.
**Moraleja:**
En la selva, Mico el Mono aprendió que las buenas maneras son fundamentales para la convivencia. Al escuchar a su amigo Lolo y ofrecer su ayuda a Tula, descubrió que ser amable y respetuoso no solo hace felices a los demás, sino que también nos llena de alegría. Las palabras mágicas como «por favor» y «gracias» son puentes que conectan corazones, y escuchar a los otros les muestra que valoramos lo que tienen que decir.
Así, Mico se convirtió en un ejemplo para todos, demostrando que pequeñas acciones de bondad pueden transformar un día gris en uno lleno de sonrisas. Recuerda, niños: ser cortés no solo crea lazos de amistad, sino que también hace del mundo un lugar más armonioso y feliz. ¡Las buenas maneras son el verdadero tesoro que todos podemos compartir!

